La obra de Boccaccio se enmarca en la transición entre la Edad Media y el Renacimiento. Aunque sus escritos aún poseen rasgos medievales, el autor del Decamerón inaugura, junto con Dante y Petrarca, el Renacimiento para la literatura europea. Durante los siglos XIV y XV (y para ciertos factores ya desde el XIII), la sociedad medieval va experimentando cambios en todos sus órdenes: estos cambios, graduales y paulatinos, la van llevando progresivamente hacia el Renacimiento.
El Humanismo, movimiento literario en el que se encuadra Boccaccio, es una corriente cultural característica del período renacentista surgida en Italia en el siglo XIV y que en los siglos siguientes se extiende por toda Europa. Este movimiento consideraba al hombre como el centro de la creación y, por tanto, con el derecho de controlar y dominar la naturaleza. Con este nuevo Ideal antropocéntrico, el imperante en la antigüedad grecolatina, los humanistas tomaron como modelo el mundo clásico en todas las actividades culturales. Así, leyeron, tradujeron y difundieron los textos de los autores clásicos y de los humanistas italianos, imitaron sus escritos, estudiaron latín y griego, etc.
La invención de la imprenta fue decisiva para esta gran empresa. El Humanismo produjo un cierto distanciamiento del sentimiento religioso medieval, que entra en crisis, y con él la concepción del mundo sacralizada y teocéntrica. Lo natural se fue separando por completo de lo sobrenatural, tan confundidos durante la Edad Media, y se experimentó una exaltación de la naturaleza y de la actitud vitalista que invita a gozar de la vida: juvat vivere, "es hermoso vivir" fue lema de la nueva edad.
