"El Decamerón" de Giovanni Boccaccio es relevante por varios motivos.
Principalmente, ofrece una visión detallada de la vida y las costumbres de la Italia del siglo XIV, incluyendo la peste negra que sirve de contexto a la obra. Además, el libro es una obra maestra de la literatura, escrita en Italiano vernáculo, que influyó en el desarrollo de la prosa renacentista. Sus temas, como el amor, la fortuna y la inteligencia humana, así como la crítica a la Iglesia y a la sociedad, siguen siendo relevantes hoy en día.
Además, El Decamerón rompió con la conservada tradición literaria de relatos místicos e hizo de Boccaccio el padre de la novela moderna, al desarrollar el tradicional cuento medieval añadiéndole una dote psicológica de la que carecía, presentando al ser humano como lo que es: una persona con virtudes y defectos, con sus penas y glorias.
Boccaccio
pretende dotar a su obra de una cohesión interna de la que carecían las
obras narrativas de su tiempo: se trata de un paso más hacia la
creación de la novela moderna. Lo que hoy entendemos por novela es un
texto de gran extensión con una estructura bien definida, coherente, con
sentido unitario, que desarrolla por lo general un argumento de
principio a fin. Este género, sin embargo, no aparecerá en la literatura
europea hasta el surgimiento del Lazarillo y el Quijote, mucho tiempo
después. El Decamerón no desarrolla un argumento unitario y carece de la
cohesión de una novela, pero Boccaccio, consciente de las carencias de
la narrativa de su tiempo, hace un esfuerzo por ir más allá de la mera
recopilación de cuentos e historias: las cien narraciones que componen
la obra cuentan con un hilo conductor, con unas características comunes y
con unos personajes y un ambiente que sí le dan cierta unidad.
Por
primera vez en la Edad Media, Bocaccio presentó al hombre como artífice
de su destino, más que como un ser a merced de la gracia divina.